Hay situaciones que hablan de sabores
como son el desengaño y la mentira,
que causan dolor pues son dolores
que mezclan su amargor con la alegría.
Dejan su paso abierto al desencanto,
a la lágrima fría del olvido,
al sollozo quebrado y al espanto
en instantes que duelen ser vividos.
Son actitudes diarias y comunes,
tal vez tan necesarias como crueles,
que reviven el sabor de esa amargura
y nos abaten aunque nos consuelen.
No modifican su sabor mientras conviven
con el plano interno que las sufre.
Sólo endulzan o vibran diferentes
cuando un soplo de ternura las descubre.